jueves, 18 de junio de 2015

PARTE II - ANECDOTARIO Vol. III Relatos Kafkianos

Buenos días señoritas. Señoritos. Hoy me he levantado algo travieso y me apetecía suscitar la polémica con un breve relato en relación con la publicación anterior. Mencionaba lo sobrevalorado de la sinceridad en lo que concierne a la escritura. Es normal, como decía, que todo escritor parta de lo conocido, para acabar construyendo todo un mundo de fantasía alrededor. Para un celoso defensor de la intimidad con la molesta manía de escribir sobre sus experiencias como puedo serlo yo esta idea resulta vital. 



El enlace a la otra entrada, por si os interesa echar un vistazo:

Agustinfernandezresa.blogspot : Reflexiones sobre el blanco 






Digamos que por un momento aspiro a Rock’n’rolla. O que simplemente me apetece disfrutar de un tiempo dedicado a escribir algo divertido y desenfadado que ensalce el sexo, las drogas y coño, por qué no, algo de rock. Pongamos que me da por ser un poco travieso, no en plan supervillano, más bien en plan Bukowskiano y así lanzar un guiño a quién fuere responsable de dicho término.

Niñas, niños, pónganse tapones en los oídos y parches en los ojos para no caer en la tentación de leerlo. Pequeños fans depravadillos de cincuenta sombras de Grey, creo que en este mismo instante está rompiendo las taquillas "Crepúsculo IV", así que ya estáis perdiendo el culo para ir a verla porque no quiero que vayáis a vuestros padres diciendo que habéis leído en el blog del “Tito Agus” que la creatividad es follar con universitarias Erasmus y meterse filas dobladas por la tocha…

A continuación me gustaría ejemplificar todo esto de lo que os llevo un rato hablando con una historietilla y dejar que vuestras calenturientas mentes hagan el resto. Tratare de ser lo más aburrido posible para que no os entren ganas de tocaros viciosillos. Bueno pues eso ahí les va. Damas. Caballeros. Solo disfruten y dejen sus comenten si es preciso:











 ¿REALIDAD o FICCIÓN?















Ahora soy un espíritu bohemio en la ciudad de Zaragoza. La ciudad de los cuatro vientos en diciembre con un frío de cojones que te hace sentir la escarchilla en los huevos. Para ser más concretos me encuentro en la calle Tomás Bretón, buscando el portal de una amiga entre tiriteos, y bocinazos propios de atascos en la urbe. Acaban de quedar unos compañeros en el piso de Laura pero no logro encontrarlo. Laura me grita desde el balcón. Subo. Apenas entro por la puerta y me saluda un compañero Erasmus suyo, Xavier Tournar (creo recordar). No he terminado de dar mis primeros pasos dentro de la casa cuando logro una panorámica suficientemente objetiva de lo que se avecina. Es entrar al comedor y observo una distribución de sillones en forma de “U” sobre los que descansan los perezosos culos de una panda de entrañables gañanes, supuestamente estudiantes todos ellos, dispuestos a quemar la ciudad. 

Laura, como os decía, mi único contacto conocido con ese antro de perversión. Xavier, el gabacho que he conocido en la puerta. Javi y Alex, hermano mayor de Laura, recién llegado para salir de fiesta por la capi con su sister. Sinceramente, no sé muy bien como describir una noche así. Solo sé que al entrar estaba algo confuso y tenía la creencia de poder sacar una experiencia memorable de semejante situación. Risas. Muchas risas. Filas de cocaína sobre la mesilla de cristal. Conversaciones kafkianas que poco distan de especular acerca del sexo de los ángeles. Cine. Filosofía. Juegos de beber para adolescentes llevados al extremo. Hasta un pique de break dance en el patio interior con el franchute que apenas se tenía en pie. Los restos del diablo blanco en un billete de 20€ enrollado sobre sí. Laura, la niña de mis ojos -supuestamente la razón por la que estoy yo aquí esta noche- anda ya inmersa en un viaje astral pilotado por mareas de Vodka y humo de hachis. Xavier saca de una mochila beige desgastada lo que sospecho que es una bolsa con lo que estimo que no serán menos de quince gramos de yerba. Me enciendo uno por cortesía del gabacho y pillo una birra bien fresca del congelador. La panorámica como comentaba segundos antes es demoledora. Yerba, cocaína, cervezas, hachís… Jóvenes universitarios creyendo comprender la mecánica de la vida desafiando sus límites. 


Borracho como una puta cuba que queréis que os diga. Al cabo de un rato entre mareos y nauseas me veo como ajeno de aquella situación. Como si pudiera sobreponerme a las barreras físicas de mi cuerpo y ver desde arriba todo aquello en tercera persona. Después de varios litros y algún cigarro trucado que otro noto como algo dentro de mí. Como si el dedo gordo de un enano cabrón que viviese en mi interior estuviera golpeando mi vejiga dispuesto a hacerla explotar. Salgo corriendo hacia el baño como si un bujarrilla depravado corriese tras de mi con la sincera y poco honrosa intención de taparme el culo con una porra del veinte... Abro la puta puerta de un portazo y sin avisar (por eso de estar meándome como un vil cabrón, acordaos). Pues eso, abro la puta puerta y un puto primer plano del gabacho con los pantalones bajados vomitando sobre el lavabo. Se ve que el campeón intentaba un doblete. Puto asco macho. Pero esta noche soy un rock’n’rolla y nada ni nadie va a estropeármela. Bien es cierto que no tiene muchas pintas de acabar poniendo a Laura a veinte uñas pero coño, una fiesta así tampoco se ve a diario... Por donde iba, que desvarío y no hay dios que me encarrile...¡Ah, si coño! Me estoy meando como un hijo puta en esto que salgo del piso echando ostias a la calle en busca de un rincón en el que poder hacerlo. Con la venilla del ojo a punto de reventar y dudando de mi fuerza de voluntad para aguantar sin mearme en los putos pantalones. Al fin lo encuentro. Como decía Charlie Sheen en “Dos hombres y medio”: "Dios existe y me quiere que te cagas”. Al fin logro encontrar un container verde en un callejón en el que poder desahogar mis penas en forma de zumo aguado de cebada.

De vuelta al piso me encuentro en el portal al tal Xavier revolucionado perdido diciendo que marcha al casco. Resulta que Laura debía tener más de un admirador y al parecer los gabachos también son capaces de sufrir el despecho. Al parecer el jambo se había chinado viéndola tontear con el amigo de su hermano y se quería pirar al casco. Imagino que esa sería la causa que lo llevó a vomitarse encima minutos antes en el baño... Bueno. Total que en un arrebato de sinceridad etílica me da por abrir con él mi pobre corazón también marcado por el despecho pero anestesiado por el alcohol. El pavo me insiste en que nos vayamos mano a mano los dos al casco y, ¿Qué iba a hacer yo? Ya sabéis como soy. En un ataque de altruismo decidí irme con él. Nada tuvo que ver que me invitase a unos chupitos de jagger y a algún copazo de "Jack" en el bar de la esquina, justo debajo del piso. Al parecer hay "precios erasmus" bastante económicos contra los que no podía competir mi cartera. Como os digo fue un gesto de altruismo incondicional, no de interés. A continuación una nebulosa de ideas confusas, chupitos y canutos, franceses con el corazón roto, y alemanas cachondas; de guiris borrachos descubriendo la magia de vivir en España y de también guiris , no tan eufóricos pero igual de borrachos vomitando por las esquinas, descubriendo que esto de beber no es no es un anuncio de Martini. La práctica hace al maestro chavales. Recuerdo entrar en un bar de maduritas y subirnos los dos a cantar a un karaoke camino del casco. Recuerdo esos ojos lascivos fantaseando por dos yogurines. Podría haber sido una bonita forma de morir. Morir en esa espiral autodestructiva y "rock"ambolesca. Hasta el culo de tequila y cantando Pacto entre caballeros de Sabina.  Después de aquello, LA NADA. Y si hubiera acabado mi cadáver sobre la orilla del Ebro, francamente, no sé cómo podría habérselo explicado a San Pedro a las puertas del cielo, básicamente por eso del desconocimiento de causa.

Pero no fue así. Cambiamos los dramas funestos por amaneceres nefastos. El estado casi comatoso en el que me hallaba, por rayos de luz que te noquean a la primera de cambio. Despierto en un salón que más que un salón parece un harén. Ya sabéis, por eso de los cojines tiraos por el suelo y toda la peña tirada por ahí. Envuelto en un saco de dormir. En gallumbos. En un sillón medio desnucado junto al gabacho. Una de esas historias que no sabrías como explicar a tu psicólogo. Gafas de sol negras sobre mis ojos. Un delicioso canuto de lo que parece saber a yerba reposa en mis labios.  Una legión de botellas parece obsesionada con invadir la mesilla de cristal. Una cachimba fabricada con las sobras del Jack y una sandía. Esto es lo que me rodea al despertar. Welcome to the jungle hermano. Se respira en el ambiente la depravación y la desmesura. La amnesia cosecha propia.

Me despejo y veo al mariconcete ese afrancesado a mi lado también en calzones (me sirvió de consuelo saber al menos que no estaba también metido en mi saco). En esto que le pregunto malhumorado – Tío, ¿Qué coño es esto?¿Dónde estamos? – A lo que el pavo me responde en un español chapurreao - ¡Amigooooooo! ¿Qué tal? Estee mi pisoo, ¿no acordar? – Y yo… - ¡Ni amigo ni hostias!, ¿que coño ha pasado aquí? – El pavo me mira envuelto en el saco y siente alivio, a lo que dice - ¡Ah, jaja! ¡Traanquilo amicooo! Ayé muchaa fietaaa eee! Tu ayer quedarte dormido y yo traerte saco.- No recuerdo mucho de la noche y de ese piso. Resulta que debimos llegar con la cruda etílica a su piso y debimos seguir la farra allí.  Sí que es cierto que recuerdo jaleo. Eso parecía una convención internacional con las mentes más prometedoras del mañana. Una alemana cachonda, una italiana cachonda, lo cierto es que a esas horas todas son vistas con buenos ojos... el gabachín, otro italiano y yo, fiel representante fortuito de la marca ibérica. Como os decía antes, no me terminaban de convencer demasiado los argumentos respecto a mis circunstancias de un franchute que despierta a mi lado en calzones, llamadme escéptico. Quizás no se explicase demasiado bien o quizás yo andaba algo adormilado como para entenderle. No lo sé. Si es cierto que dijo algo de que estuve con la alemana y de que esta se fue. Que cuando ésta se fue debí quedarme dormido tratando de seguir la fiesta y me echó el saco por encima. Repito. No lo sé. Si sé que la teutona fue menos sutil tratando de explicar el por qué de mi semi-desnudez. Y no tuvo que mediar muchas palabras para hacermelo entender, eso también os lo aseguro. Imagínate amanecer en gallumbos con el legañón aún en el ojo y con un resacón del quince. Imagínate en esa situación pasearte zombie por el pasillo en busca de la cocina, de algo con lo que llenar el buche y que salga de dios sabe donde una mano que te agarra por detrás del cuello de la camiseta arrastrándote a su alcoba. 

Más de una vez he hecho alusión a mi carácter incondicional de caballero al servicio de damiselas en apuros. Esa mañana no fui un caballero. Ella tampoco una damisela. Esa será mi escusa de momento. Pero aclaró el misterio de mis pantalones perdidos al despertar...

…y ahora, querido lector, ¿PODRÍA DECIRME CUÁNTO DE LO AQUÍ NARRADO ES REALIDAD Y CUANTO FANTASÍA? UN CORDIAL SALUDO.


(Pd. La frase no recuerdo con exactitud del como aparece
 en la película, pero es de “Descubriendo a Forrester”.)


Agustín Fernández Resa
                                                  

lunes, 15 de junio de 2015

PARTE I - Reflexiones sobre el blanco







Una vez escuché, no recuerdo exactamente dónde, que para ser escritor (o tratar de serlo) la primera regla consistía en escribir. Volcar toda la mierda que te envenena por dentro y dejar que sea otro el que huela.  


 LA PRIMERA REGLA ES ESCRIBIR.



“La primera regla para ser escritor es escribir”, dicho así no parece que estemos descubriendo la rueda precisamente, más bien parece una perogrullada. Una tautología. En sí no inventa ni descubre nada. No aporta nada y redunda en sí misma, pero me dio que pensar. Cualquiera puede decir “soy escritor” o “me gusta escribir”. Cualquiera puede intentarlo y darse de bruces contra un demoledor folio en blanco. Quedarse mirándolo con cara de papanatas, pero cargado de intenciones nobles, eso sí. Porque una cosa  es decir “quiero escribir” y otra muy distinta el “escribir”. Por ello cuando hago alusión a la que creo que es una frase de una película de Connery ya no resulta tan absurdo.

Llevo un tiempo tratando de reconciliarme con ese momento, el momento en el que pensar y escribir se hacen uno. A veces es el rap. A veces lo único que necesito es buscar una instrumental y vaciar un poquito de mi en ella. Otras veces me basta con cagarme en el folio y llamarlo poesía. Lo cierto es que nunca he sabido muy bien al terminar un escrito, si estamos delante de un reluciente diamante en bruto o un vulgar pedacito de circonio que pretende ser más de lo que es. Ahora no es distinto. No se si al terminar de leer esto querrás abrazarme o molerme a palos por robarte estos minutos de tu apretada agenda.

Pero en esto consiste, dejar de pensar que quieres escribir y empezar a escribir. No hay más. Machacar las teclas del portátil. Devorar el lapicero o el bolígrafo hasta que puedas imaginarles miradas de rencor en sus falsos rostros. Escribir sin filtros, dejando que se impregne de alquitrán el folio. Bueno y malo, todo a bolo. Resulta una práctica demasiado bonita como para pretender únicamente tratar de describirla. El  “clac, clac, clac” del teclado mientras se cimenta la idea. Ver como se fragua el contenido en su conjunto sin dejarle apenas tiempo a la cabeza a que se adelante. Sincronizado. Como digo, un proceso hermoso. 

Hermoso y comprometido, al menos para gente como yo. No usar filtros, dejar que el mundo te vea tal y como eres. Desenterrar ante el resto tus secretos y hacer alarde de ello. Pero exhibir un alma desnuda sin decoros ni florituras puede ponerte en evidencia. La sinceridad esta sobrevalorada cuando se trata de escribir. No quiero caer en la flaqueza de poner en mi boca palabras de otra persona y hacerlas propias, pero un día un buen amigo me confió algo que había leído a un escritor (no recuerdo cual, lo cierto es que ese amigo del que hablamos es mayor fan de la lectura de lo que pudiera serlo yo en siete vidas). Me confió que había leído que todo escritor solía partir de una base real sobre la que construir un mundo de fantasía o ficción alrededor.


BASE REAL & FANTASÍA.



Para un devoto defensor de la intimidad como lo soy yo, esta idea resulta imprescindible. Escribir simplemente tratando de describir lo que te rodea te hace caer en la sinceridad incondicional. Una sinceridad que puede no ser comprometida si estás hablando del color de las lechugas o del caballo blanco de Santiago pero que sí que puede resultar agresiva o brusca cuando se refiere a una temática más visceral.

Tratar de transmitir impresiones, ideas, conceptos y sentimientos con los que puedas sentirte identificado mediante situaciones imaginarias. Coger una base real y retorcerla tanto que después uno no sepa ver un atisbo de verdad en ello. Retorcerla tanto que no sean capaces de discernir la fantasía de la realidad. Llegados a ese punto lo único de lo que dispone el lector es de la especulación de una cabecita loca.



A continuación dejo el enlace a un relato algo travieso. Describe el transcurso de una noche desenfrenada por Zaragoza en la que vosotros deberéis valorar cuánto de real y cuanto de ficticio contiene. Parte II de esta publicación, la cual he decidido partir por resultar demasiado extensa. La idea de esta segunda parte era mezclar contenido ficticio y real para crear una historia que a primera vista puedese resultar algo surrealista pero sincera en cierto modo, dejando en manos del lector con que quedarse.

Si habéis aguantado con los culos sobre la silla hasta ahora no me seais perezosos y terminad lo que habéis empezado. Espero veros de nuevo al otro lado del enlace.







Un saludo, Agustín Fernández Resa

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