lunes, 23 de diciembre de 2013

Baúl de los recuerdos: Falsas apariencias.







Baúl de los recuerdos #1
FALSAS APARIENCIAS










Damas, caballeros, señoritas, señoritos... Hola de nuevo a todos. Como ya ocurrió en antaño hoy escudriño entre los restos hallados en el interior de mi personal e intrasferible baúl de los recuerdos. Antiguos escritos, pseudo-poesía y otros trastos pérdidos en el olvido. Esta nueva entrada que subo pretendía ser una letra de rap que escribí hará cosa de dos años apróx. y que ahora adapto mínimamente para presentarla como una entrada de Blog. No os dejeis influir por ese estado depresivo que aparenta, tan solo es nostalgia elevada al máximo exponente para dotarla de teatralidad y algo de dramatismo. Como siempre espero que os resulte entretenido. Como es costumbre con estas entradas os dejo una instrumental que amenice la lectura en la que podéis clickar a continuación seguido del texto:









Camino a tientas, con vendas en los ojos, fingiendo hacerme el loco para poder ignorar lo que hacen otros, buscando algo que no se si existe, buscando una señal, buscando una seña de identidad.

Buscando un alma afín, a fin de ser feliz, ya que el mínimo desliz, se puede pagar bien caro. Fin, de esa búsqueda, en pro de una interior, si ya te tengo en mi cabeza y te prefiero entre mis sabanas…

…pero cada vez más… te prefiero en el pasado, es más fácil olvidarte que quererte, creeme.

Abrí ventana al corazón y se cagaron mil palomas… Mi corazón en coma, buitres vienen por carroña. Estepa zona árida, tierra natal del sentimiento, arrasados los cimientos por la bomba de Hiroshima… El clima en este entorno hace tiempo no mejora, testigos de ello sangre fría y ojos secos.

Que cojones debo hacer, para sentirme bien. Chico tímido al borde del, derribo moral. En mi constante hipocresía no me importa el qué dirán, y dirán que esto va mal, pero en el fondo ya da igual.

Y no... nada tiene sentido, pintar ser extrovertido para poder saciar el lívido. Y es triste, pobre del que viste el alma con pintas de otro, sobre todo si es por miedo. Estoy fatal en serio, caigo en declive en la espiral, para todos es igual, vivo en continuo carnaval. Harto de caretas circulando en pasarelas, harto de apariencias incompletas. Harto de un disfraz banal, te falta personalidad, estás perdido, en laberintos de metal y asfalto. El quebranto del llanto por un grito de esperanto. El canto, encanto, es mi forma de terapia.

El llanto de este tipo es la tinta del bolígrafo, y tanto lloro a mis adentros que esta mierda ya no pinta. Precinté la “zona cero” en virtud del aislamiento, y un alud de sentimientos vino a joderme el plan. Ahora el plan es que no hay plan, planeo por el cielo, planeo por el cielo con el humo de un canelo, y me esfumo de esta mierda terrenal autodestructiva. ¿Cómo? Con fruto de planta sativa. Soy un bicho raro que vive en su paradoja emocional, digo vivir al día, añoro la melancolía. Adoro estar con gente mas amo la soledad y disfruto de la calma precedente a la tempestad…

Y no… nada tiene sentido, ¿tú pintas ser extrovertido para poder saciar el lívido? Es muy triste. Pobre del que viste, su alma con mudas de otro, más sobre todo si es por miedo.






A g u s t í n    F e r n á n d e z   R e s a 


lunes, 9 de diciembre de 2013

ANECDOTARIO Vol.II Un Juego de Azar















U N  J U E G O    D E   A  Z A R



Como el Póker o el Black Jack o la ruleta, la vida no deja de ser también un juego de azar. Puedes ver tus cartas, por su puesto, al fin y al cabo son tuyas, hacer tus estimaciones, previsiones sobre las posibles respuestas de un entorno hostil. Puedes ser arriesgado o reservado en tu juego. Todo eso lo sabes antes de empezar, y confias en tus posibilidades, de ser de otra manera no jugarías.



Y es entonces cuando el crupier comienza a repartir cartas a los jugadores, cuando los jugadores entienden las normas del juego, determinando las condiciones iniciales de cada uno. A veces con más suerte, a veces con menos. Pero eres tú quien juega, con tu manera de hacerlo, tienes tu forma de ser, tu juego, un 4 y un 7. Sabes que es poquita cosa pero solo tú sabes lo que eres, el resto de jugadores si acaso sólo lo intuye. Es entonces cuando debes decidir que hacer con lo que se te ha dado, arriesgarte sin saber que espera de ti un destino caprichoso. La gente mira hacia delante. El crupier reparte.


Se revelan cartas. Sobre el tapete puedes observar una Q un 4 y un 7, dobles parejas y empiezas a pensar que quizás la suerte tenga algo que ofrecerte y decides permanecer paciente, aguardando la posibilidad de conseguir algo bueno en un futuro cercano. Haces tus planes.


Es entonces cuando el azar de la mano del crupier presenta sobre el tapete un AS y dudas sobre la predilección que creías de la suerte hacia tu persona, y ves como el entorno hostil del que antes hablábamos puede cobrarse lo que cree que le pertenece por derecho, y tú y solo tú debes decidir si seguir adelante o no. Decides hacerlo.

Un crupier y una carta por delante. Un suspense que alerta a todos y un silencio que suscita una tensión capaz de cortar el aire. Y un 7 como carta final sobre el tapete. FULL. Esbozas, aunque involuntariamente, una sonrisa que intentas disimular en el momento y apuntas alto, con la suerte de ver que siguen tu apuesta y mejor suerte si cabe de ganar la mesa.

La vida, como mencionaba con anterioridad no es muy distinta a esta clase de juegos. Puedes tener una buena mano desde un inicio, que se te brinden buenas oportunidades y si eres paciente quizás logres grandes éxitos en un futuro próximo, puedes hacer tus planes cara al futuro, esquematizar tus ideas y objetivos de manera que te ayude a organizarte. Pero no debes olvidar ese toque de fortuna aleatoria que nos rodea y que puede desencadenar una serie de sucesos que descarrile ese tren que llegaba puntual a cada estación, sin contratiempos, hasta el momento.

Y como en los juegos de azar una buena racha puede desembocar en una euforia, un estado pletórico, que nuble tu buen juicio y solo tienes que elevar al infinito las jugadas para ver que a la larga siempre gana la banca y ves como esas apuestas tan bien repartidas se pierden en la nada cuando la bola da vueltas y vueltas y vueltas dejándose caer finalmente sobre el 00. Puedes perderlo todo en un instante sin apenas darte cuenta de lo que está sucediendo. Y eso no es del todo malo si tienes fuerzas para empezar de cero de nuevo echar cuenta de errores y aprender de errores pasados.

Me pongo reflexivo y meditativo con este tema porque parece que es lo que toca después de una experiencia cercana a la muerte. Os contaré ahora queridos niños como ocurrió:

Te encuentras inmerso en una rutina, cosa que no es mala necesariamente, en la que van pasando los días entre fiestas universitarias, cervezas con los colegas, trabajos para la universidad, estudio, charlas y filosofadas con unos pocos capaces de seguirte el rollo que derivan en algo esotérico y surrealista hasta el punto de necesitar llegar a un punto muerto debido a la imposibilidad de sacar algo en claro. Cine, películas en casa cada noche mientras las acompañas con cenas desproporcionadas. Conoces gente, nuevos locales, lugares...

Repito que no hay nada malo en la rutina, la rutina es un maravilloso suero que te mantiene conforme, pero eso, es rutina. De repente al fondo atisbas algo de luz, algo capaz de quebrar esa rutina imperecedera, un viaje con fecha en el horizonte apuntando al 3 de diciembre. Un viaje a Berlín con colegas que son garantía de que será una semana inolvidable a fin de hacer una visita a una no menos amiga que el resto que deambula, pobre de ella, por la capital teutona de Erasmus, parece ser que saliendo poco y estudiando mucho. 3 de Diciembre, esa fecha brilla en el calendario más que ninguna otra, y al fin llegó. Y no paso nada. Al parecer la suerte reservaba para mi una experiencia no más grata pero si más inolvidable.

Para ello hagamos algo de retrospectiva.

Remontémonos al 8 de noviembre, fecha en la que se debieron juntar los astros porque debido a causas que los dioses desconocen yo, me encontraba en Corella, esa misma noche cene algo que me sentó mal. Si avanzamos en el calendario, a lo largo de esa semana empecé a sentirme febril y con mala gana, conforme fue pasando la semana los síntomas fueron apagándose. Pero lo que tienen las rachas es que donde algo esta apunto de terminar, algo nuevo empieza. Y es lo que ocurrió el 15 de Noviembre. A partir de ese día ya no me dolia la cabeza, no. Ni apenas tenia fiebre ni tenia revuelto el estómago. Eso cambio por lo que aparentemente era una faringitis con pocas décimas. Hasta que llegó el gran día. El 22 de Noviembre, dia que fechaba el examen de Econometría I en la agenda.

Fue a mitad de examen cuando empezó la fiesta. Una asfixia y unos calores que imagino serán propios de un ataque de ansiedad, con el consiguiente malestar que me impulsó a abandonar el examen, entregárselo e ir al baño. Sudores fríos, taquicardia, hiperventilación y vómitos. Al poco rato me reincorporé entre en el aula de nuevo a coger mis cosas y me fui a casa.

Allí buscando número del centro de salud más cercano, comenzó de nuevo el malestar. Desde el más absoluto desconocimiento de causa y puesto que no había desayunado, pensé que pudo ser un bajón de azúcar. Me acerqué a la cocina y cogí algunos conguitos y otros dulces. A la vuelta me desplomé. Me puse en pie cuanto antes y me eché al sofá boca arriba. Fue entonces cuando comenzó lo que con seguridad han sido las tres horas más angustiosas de mi vida.

Acabé yendo al hospital con la ayuda de mi prima y mi tía y tras media hora de interminable espera, de pruebas, de análisis, de placas y escáner un simpático cirujano me pregunta si me he caído como prólogo de la bonita novela "Chico, tienes el bazo reventado, te vamos a operar". No me recuerdo nervioso, sí sorprendido. Recuerdo el dolor y la preocupación por un tema. Por eso cuando me preguntó camino a quirófano el cirujano después de hablarme de la operación y de los riesgos de no operar si tenía alguna pregunta, le pregunté: "¿Podré estar en 10 dias en Berlín?"

Lo siguiente que recuerdo es despertar en la UCI por un chasquido de dedos ante mis ojos de un tal Doctor Talal mientras me decía: "Chaval, eh, chaval, ¿estás despierto?" Le asentí con la cabeza y él me respondió: "Bueno Agustín, media hora más tarde y estarías muerto." Lo piensas en silencio, media hora más tarde y estarías muerto... Y claro.¿cómo se supone que se responde a eso? Le respondes en plan, "Ah, guay, bueno pues ahora unos cubatitas para celebrarlo o qué?" Con un Smile a final de frase y un guiño. O mejor en plan: "muchas gracias señor, algo más?

En fin, con esto quiero decir que fue un acierto la intución de los médicos, la operación mayor éxito si cabe. La recuperación fue, y sigue siendo sorprendentemente rápida y aburrida, y hoy a 5 de Noviembre esa es la causa de que no este en Berlín. Un giro inesperado que te hace replantearte algunas cosas. Una gran anécdota, no de las más graciosas, he de admitir, pero sí de esas que tienes la suerte de poder contar en tus círculos de confianza, y por qué no, cuando te salga de las narices, al fin y al cabo es una historia que es un orgullo poder contar.

Ahora ya he terminado la fase de reposo absoluto, aún debo reservarme con el deporte y la bebida y todavía vivo en un estado de euforia en el que no eres consciente de las cosas que ocurren a tu alrededor, aun vivo en mi burbuja. Todavía no soy consciente de lo que me espera fuera, me refiero especialmente a los estudios, he faltado muchas horas y temo que me entierre una avalancha que todavía no atisbo a ver. Lo cierto es que nunca me ha preocupado excesivamente el sacar notas, si el aprobar, pero aún siendo así esto que me ha ocurrido te da una visión de la vida algo más amplia y aprendes a relativizar, o eso me parece de momento, espero ser consciente en adelante de esto que digo y no olvidarlo.





A g u s t í n    F e r n á n d e z   R e s a 


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